La de Mayí es una pintura para tocar con la yema de los dedos. Una pintura para la piel tanto como para los ojos. Las texturas, veladuras y los accidentes cromáticos con que el artistas nos sorprende, muerden la superficie con particular deleite y nos conducen a parajes distantes, a desiertos ocrinos, a rojos que sacuden la retina y luego la seducen con sus intrincados.Los signos, las señales, los indicios son la estrategia visual que utiliza Mayi para guiarnos a través de la compleja simplicidad de sus mapas geodésicos Celebramos la obra madura y plena de JUAN MAYI, porque encierra, como toda buena obra de arte, una intricada madeja de misterios.
Fernando Ureña Rib
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